jueves, 8 de diciembre de 2011

FAX

Verano de 1990

Cuando recobre el conocimiento me di cuenta de que me encontraba tirado en el piso de un lugar completamente diferente, la alfombra, las paredes, no sabía en donde me hallaba, ni como llegue hasta ese lugar. Al tratar de incorporarme encontré junto de mi la copia del oficio que estaba enviando por fax, en ese momento todo paso por mi mente como una horrible pesadilla; estaba transmitiendo la copia de nuestra cotización a la empresa de San Ángel cuando mi corbata se atoro en la máquina de fax, por mas intentos que hice de zafarme esta se enredo cada vez mas y mas hasta llegar al punto inevitable de mi contacto con el aparato, primero fueron mis manos que desesperadamente intentaban apartarme y al llegar mi cabeza a la maquina una luz intensa me cegó y perdí el conocimiento.

No daba crédito a lo que había pasado de alguna manera había sido tragado y transmitido  por un estúpido fax. ¿Que hubiese pasado si las líneas telefónicas se cruzaran?, tal vez en este momento me encontraría mutilado o algo peor.

Por fortuna no había nadie en la oficina de San Ángel (era la hora de comida), mi primer impulso fue correr al teléfono para llamar a mi trabajo y tratar de explicar lo sucedido. En cuanto me contestaron sentí un impulso de preguntar por mi mismo, la voz al otro lado del teléfono era de mi compañero, quien no pareció reconocerme:

-          Bueno?...

-          Si, ¿se encuentra el Sr. de la Rosa?

El timbre de su voz se torno algo impaciente, lo cual hizo percatarme de que algo no andaba muy bien:

-Que… ¿Quien le llama?

-Es un asunto personal, el me conoce bien.

-Mire No quisiera alarmarlo, pero el Sr. de la Rosa acaba de tener un accidente, su corbata se atoró mientras transmitía un fax, y casi lo ahorca pero no paso de un leve desmayo y ahora se encuentra recuperándose en la enfermería.

No esperé más explicaciones  colgué el teléfono sin siquiera despedirme, trate de serenarme, lo primero que tenia que hacer era salir de esas oficinas. Necesitaba encontrar un lugar en el que me sintiera seguro para darme a la tarea de resolver la duda de qué o quién era yo, fue entonces cuando tuve la idea de dirigirme a la casa de Nidia que siempre fue más que una amiga,  al llegar a su casa le conté que había peleado con mi esposa y le pedí que me permitiera pasar la noche con ella, también acepto el que durmiera en otra habitación para que pudiera permanecer tranquilo mientras ordenaba mis pensamientos.

Así tuve toda una noche para pensar que haría con esta nueva vida, de alguna manera había solucionado el problema de mi esposa y mi amante sin tener que dejar a ni una de las dos, pero no me hacia a la idea de que alguien llegara esta noche con mi esposa y mis hijos aun que fuera yo mismo, también pensé que tendría a alguien que trabajara por mi, pero también cobraría mi sueldo.

A la mañana siguiente Salí de la casa de Nidia a la misma hora como si fuese a trabajar y camine un poco por las calles, en realidad no se de que manera vague tanto, al llegar el medio día, volví a llamar a mi trabajo, por suerte no me encontraba en la oficina (el otro yo no se encontraba, ¿de que manera decirlo?), como de costumbre un compañero de trabajo atendió la llamada:

-          ¿Bueno?...

-          Si, ¿se encuentra el Sr. de la Rosa?

-          No, ¿Quien le llama?

Vaya como iba a dar mi nombre…

-Es un asunto personal de hecho solo quería saber ¿como sigue después de su accidente de ayer?

- Ha si, el se encuentra bien, sin embargo yo lo he notado un poco distraído, divagante

Al escuchar aquel comentario colgué nuevamente sin despedirme, todo comenzaba a tomar sentido, mi teoría de ser yo el original y mi copia la que se quedo en el trabajo me resultaba más creíble ahora.

Espere la hora de salida y diez minutos antes me dirigí hacia el estacionamiento y me escondí en la parte trasera de mi auto (obviamente también tenía una copia de mis llaves), espere a que el otro yo llegara, cuando entro en el auto espere a que arrancara y casi estuve a punto de presentarme ante él, pero mi mamo derecha sintió la llave de cruz que siempre llevaba bajo el asiento. El golpe fue seco, creo que no sufrí demasiado, tome el control del auto y viaje en dirección de la casa de Nidia, aproveche su ausencia por el trabajo, apure a cavar una fosa en su jardín (al fin y al cabo siempre quiso tenerme junto a ella), al terminar sentí un alivio increíble, vaya el crimen perfecto.

Al llegar a casa todo estaba en completa normalidad, tome un baño y me recosté, como es costumbre, mi esposa se recostó junto a mi y comenzó a acariciarme el cabello, pero algo pareció extrañarla:

- ¿Nunca te había sentido esta cicatriz en la cabeza?

No supe que contestar en realidad jamás tuve una cicatriz en la cabeza:

- Cuando era niño caí golpeándome la cabeza con una roca.

Esta es la única prueba física de toda esta extraña jugarreta de la vida, una buena pregunta paso por mi cabeza y no resistí preguntarle a mi esposa:

-¿Qué harías con dos personas iguales a mi?

Ella sonrío al mismo tiempo que me daba un beso y contesto:

- No lo sé, seguramente no los soportaría.

No pude evitar sonreir
 - ¡ah! tienes razón, yo tampoco.

D.A