Tumbado
en la alfombra frente a sus canicas sin hacer el menor de los ruidos, apenas
mueve levemente la cabeza en señal de satisfacción, afuera se escuchan los
demás niños del vecindario gritando y corriendo seguramente disfrutando de
alguna batalla improvisada entre piratas o vaqueros sin embargo aquel niño
sigue ahí tumbado en la alfombra frente a sus canicas y de entre ellas poniendo
especial atención en esa canica de azul.
Es
tan solo una pequeña canica pero seguramente lo suficientemente grande para que en la imaginación del niño se representen los más profundos mares con sus tormentas y
vientos de calma, poco a poco en este mundo acuático irán apareciendo extraordinarias
formas de vida producto del milagro de la mente dinámica de un niño. Ha viajado
por las profundidades de esos mares haciendo aparecer toda clase de fauna, no
hace falta decir palabras magias, basta con imaginar que existen.
En algún
momento su madre lo llamara a comer y dejara la creación de ese mundo para que
evolucione a su suerte y tal vez millones de años después aparezca una raza muy
parecida a él en la que un niño aprendiz de Dios cree un mundo nuevo con la imaginación.
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